Fotografía histórica en blanco y negro del pintor Amedeo Modigliani con la corbata suelta y un cigarrillo en la mano.

Amedeo Modigliani

1884-1920

El pintor, artista gráfico y escultor italiano fallecido tempranamente situó dos motivos en el centro de su creación: el retrato y el desnudo. Con su lenguaje formal inconfundiblemente alargado y estilizado generó un estado de ánimo melancólico-lírico. Las formas corporales suaves, fluidas y aparentemente interminables de los desnudos femeninos reciben su volumen mediante una coloración delicada y empolvada.

El trabajo escultórico a partir de 1909 condujo a Modigliani a ocuparse de esculturas africanas, cuyo lenguaje formal influyó en su estilo. No obstante, sus obras nunca pueden adscribirse del todo a las corrientes artísticas vanguardistas de comienzos del siglo XX. El fauvismo y el cubismo no fueron para Modigliani mucho más que estímulos formales y técnicos. Perteneció a la tríada de artistas judíos en París, Marc Chagall y Chaim Soutine, que se distinguían claramente de las nuevas corrientes estilísticas. Articulaban en sus obras el mundo de las sensaciones, que hacía de los representados portadores de sentimientos y entiende así el momento psicológico como la declaración visual más importante.

En sus retratos Modigliani quiere hacer visible el carácter del representado. Así surgieron numerosos retratos de sus amigos, poetas y artistas del círculo de los intelectuales parisinos. En los cálidos tonos ocre y amarillos y en la aplicación de color semejante al fresco pervive la herencia de la pintura florentino-sienesa. Tanto en los rostros como en las figuras, el pintor une gracia con melancolía.

Los retratos y desnudos, a los que solo en los dos últimos años de vida se sumaron paisajes, testimonian la alta sensibilidad del artista. La tragedia de su vida fue su salud enfermiza, agravada por la dependencia del alcohol y las drogas, a la que sucumbió ya a los 35 años.

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