Mordillo
Grandes ojos, nariz bulbosa, sombrero Panamá: homo mordillo.
¿Es la caricatura arte? Por supuesto que lo es, y no solo desde Honoré Daumier o George Grosz. La de Mordillo lo es sin duda, y muchos colegas artistas de las profesiones más diversas también la perciben así. Marcel Marceau, por ejemplo, el famoso mimo, sitúa a Mordillo en una línea con Chaplin y Keaton y ve una gran cercanía con su propio arte de narrar en silencio con gesto calculado con precisión.
Guillermo Mordillo, cuyo apellido se ha convertido tanto en marca que pocos conocen siquiera su nombre, suele quitarle importancia. Él es, subraya una y otra vez, periodista de formación con un título en ilustración y ni artista ni pintor, más bien un narrador de historias, solo que sin palabras.
Como tal trabaja Mordillo, nacido en 1932 en Buenos Aires, entretanto desde hace más de cinco décadas, y sus hombrecillos con la característica nariz bulbosa han conquistado el mundo en este tiempo. Lo recorren como motivo de postal, adornan paredes como pósteres en todos los países del mundo y animan como dibujos animados las pantallas de cine y televisión internacionalmente.