Joyas egipcias
Las joyas egipcias, gracias a sus símbolos y ornamentos característicos, así como a los valiosos materiales y su historia, resultan especialmente nobles y siempre algo misteriosas. Por ello, los anillos, colgantes y amuletos egipcios siguen siendo muy apreciados en la actualidad. En ars mundi encontrará una amplia oferta, con muchas piezas adornadas con símbolos de la mitología, como collares con el halcón de Horus, colgantes con la cruz anj o distintas joyas con escarabajos, como el brazalete de Tutankamón o los collares de Petra Waszak. Todas las piezas están elaboradas con materiales de alta calidad como plata y piedras preciosas, y reproducen los motivos de manera auténtica.
El Antiguo Egipto, a partir de aproximadamente 3100 a. C., se considera una de las primeras altas culturas, con grandes avances y logros en economía, política y ciencia, pero también en arte y cultura. Las joyas fueron desde siempre muy apreciadas en la tierra del Nilo y cumplían diversas funciones en la vida de las personas. Toda la sociedad las llevaba, en parte por sus propiedades decorativas, pero también servían a menudo como obsequio, ajuar funerario o medio de intercambio. Sin embargo, el motivo principal para portar amuletos, anillos y collares era que las personas podían llevar consigo símbolos e imágenes a los que atribuían efectos protectores, beneficiosos o curativos. Un motivo típico y especialmente frecuente en la joyería egipcia era, por ejemplo, el escarabajo pelotero, que simbolizaba la vida, la resurrección y la fuerza creadora. Por ello, un colgante de escarabajo sigue siendo considerado hasta hoy un amuleto de la suerte. Debido a su gran poder simbólico, el escarabajo se utilizaba también como representación del dios solar Ra. Su hija Bastet era igualmente venerada como diosa, y se representaba en forma de gata o de mujer con cabeza de gata. Era considerada protectora de las embarazadas y diosa del amor, la sexualidad y la fertilidad, así como de la alegría, las fiestas, la danza y la música. De la gata de Bastet se esperaba además protección contra el mal y la oscuridad. También el dios real Horus adoptaba en la mitología egipcia la forma de halcón. Representaba la vida y la curación, pero también la luz, el poder y la perfección, y era considerado protector de los niños. Cuando no se lo representaba como halcón, aparecía mediante el símbolo muy estilizado del ojo de Horus. Igualmente difundido estaba el signo anj, compuesto por un lazo y una cruz, que representa el sol naciente en el horizonte y simbolizaba para los antiguos egipcios la vida y la continuidad en el más allá.
Los procedimientos de fabricación de joyas en el Antiguo Egipto estaban en un nivel técnico muy avanzado para su tiempo. Existían talleres especializados donde artesanos cualificados producían joyas con técnicas de orfebrería todavía conocidas hoy, como la fundición o la soldadura. Se empleaban diversos materiales como oro, plata, cobre, bronce, vidrio, muchas piedras semipreciosas como amatista, malaquita o lapislázuli, así como la fayenza egipcia, una forma temprana de cerámica hecha de arena de cuarzo. El alto nivel técnico alcanzado permitió además que la joyería egipcia de esa época pudiera perdurar durante milenios.